Estoy llena de debilidades.
De talones de Aquiles, que al tocarlos, me requebrajan.
Me devuelven mi humanidad.
Ya no se trata de mi. De mis males. De las locuras. Se trata de aquello que no podemos manejar. Se trata del otro.
Ese otro que nos llena, nos roba, nos regala y nos vuelve a robar.
Que nos trae futuro. Pasado y presente.
Me gusta el sonido de la risa del otro. Me gusta poder ayudarlo a escalar la meseta de la vida. Me gusta compartir esa caminata, cuesta arriba. O porque no, hacia abajo, si es que nos llegamos a caer.
No estamos solos, aunque queramos estarlo.
Cierro los ojos, reconfortada al conocer esa verdad.
sábado, 9 de julio de 2016
Islas
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