Cuando salí de la clínica, después de un largo tiempo, Liseth y yo intentamos rearmar lo nuestro.
Ella se mostraba distante en cuanto a lo que sentía. Nunca pude descubrir si lo que la unía a mi era amor sincero, pena o remordimiento.
Sin embargo, sentí como parte de ella volvio, al verme afuera, al pasarme a buscar y darme un beso.
Era un cariño y una sobreproteccion asfixiante. Como si tuviera miedo de que me fuera a ausentar de nuevo.
Yo no me queje, lo tome sin decir nada pero a veces pensaba...Y si esto no funciona? Tuve mis dudas, pero las deje pasar, como todo.
Era como si no tuviera ganas de pelear con nada. Quería paz. Quería olvidarme de toda la mierda que me había comido durante varios días. Y si mi premio era poder estar en mi casa, junto a la persona que amaba, era suficiente.
Todos me trataban como si fuera de cristal. No voy a negar que había cosas que si me alteraban. Mucha gente, ruidos fuertes, tomar café o mucho mate...Boludeces, pero eran raras tan de golpe. Y lo que era raro para Lis, era escucharme decir que la amaba, olvidandome que nunca volvimos. Que ese tiempo que me pidió, estuvo empañado por una real y tortuosa distancia. Y sus respuestas eran un...Yo te adoro.
Y no. No me alcanzaba.
Hasta hoy, no entiendo como ese amor, se transformo en adoración a amor nuevamente, a esta nada inexistente que irónicamente, existe entre nosotras...
domingo, 14 de febrero de 2016
Libertad...A medias.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario