jueves, 30 de julio de 2015

Que es normal?

Atravesé las puertas del ascensor con dos desconocidas que me miraban como si fuera una bomba haciendo tic tac. No iba a sacarme. Pero no podía disimular que estaba enojada. Dolida y me sentía traicionada por mi propia familia.
Llegamos al segundo piso y me encerraron en la enfermería. Me tomaron la presión y me hicieron las tipicas preguntas de rutina. Si sabía quién era, donde estaba...Si, sabía donde estaba. En un lugar horrible que había jurado nunca pisar desde que vi a mi propia madre caer en un pozo esquizofrenico que la arrancó de mi lado. En ese entonces, yo era chica. Todavía, le tenía cariño.
Las enfermeras me preguntaron si había comido. Yo no había consumido ni una gota de agua. Me mantenia de pie por mi propia bronca y dolor. Son buenos motores para seguir.
Ellas me mostraron el camino. Un pasillo con puertas que daban a los cuartos. Noté que una puerta estaba abierta y al pie, una chica me miraba con asombro, como descifrandome. Tendría unos años mas que yo. Era linda. Su camisón dejaba al descubierto todas las marcas que tenia su cuerpo. Empatize, y me senti mal por ella. Por su juventud. Y su historia. Pero seguí, y termine en el comedor del lugar. Estaba vacío y el único ruido que se escuchaba era el del televisor.
Estuve sola, fingiendo que veía las noticias por un largo rato. Hasta que un enfermero me trajo mi cena. Nuevamente, senti frustración y ganas de romper todo al ver mi plato. O mejor dicho, con lo que se suponía, debía comer.
Milanesas de berenjena con una salsa blanca extraña. Pan y una mandarina. Todo, tenia que comerlo con una cuchara sopera. Perdón, pero...Y mi humanidad, que?
Estaba a punto de quejarme, cuando siento que me tocan el hombro. Era la chica del camisón. Se había acercado a presentarse. Se llamaba Mara. Le dije mi nombre, y al escucharme hablar, se sonrojo. No sé que le habré provocado. Pero se excusó,  y se adentró nuevamente por el pasillo.
Otra vez, había quedado sola. Mire detenidamente el lugar. Del otro lado del comedor había mas puertas, mas cuartos. Y servicios de baños. Fue muy gracioso estar mirandolo todo y que se cruzará un hombre en calzones para ir al baño. Notó mi presencia. Me dirigió la mirada. Pero no creo que haya sentido vergüenza. Esa, era su casa.
Perdi la noción del tiempo. Es decir, sabía que hora era, solo que sentía que el tiempo dentro de ese lugar iba a contracorriente. Hasta que otra voz, me sobre salto. Era el medico que me había hecho firmar mi internacion.
Hablamos. Si es que se puede entablar una conversación con alguien que no quiere tocar los temas de interés. Yo quería proteger mi malestar. Era mío. Ahí adentro no tenía nada mío mas que a mi misma. La obviedad, era resguardarme.
El médico me dijo un par de idioteces sin importancia. Y que iba a permanecer ahí adentro unos días. Tres como mucho. Le creí, y de buena gana acepte lo que sea que me haya dado para dormir. Si no puedes con tu enemigo, unetele.
Y así, empezaba mi travesía...

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